
Este verano, Colmenar Viejo se llenó de alegría, ilusión y solidaridad, un año más. Gracias a las familias de nuestra asociación que abrieron sus puertas y sus corazones para recibir a niños y niñas saharauis que, durante los dos meses de verano, dejaron atrás la dureza del desierto y los campamentos de refugiados de Tinduf para disfrutar de un verano diferente: lleno de juegos, naturaleza, piscina, excursiones y, sobre todo, cariño.
Cada sonrisa, cada mirada curiosa y cada abrazo nos recordó la importancia de este proyecto. No solo les ofrecimos unas vacaciones lejos de las altas temperaturas y las limitaciones de los campamentos, sino también la oportunidad de vivir experiencias que quedarán grabadas en su memoria para siempre.
Pero llegó el momento más difícil: la despedida. Ver cómo se marchan siempre deja un nudo en la garganta. Sabemos que regresan a una realidad dura, a viviendas humildes en medio del desierto, donde la vida no es fácil. Sin embargo, también sabemos que vuelven con la alegría de reencontrarse con sus familias, con sus amigos, con su gente que les espera con los brazos abiertos. Esa certeza nos reconforta y nos anima a seguir trabajando para que cada verano podamos repetir esta experiencia.
Gracias a todas las familias, voluntarios y colaboradores que hicieron posible este verano tan especial. Porque cada gesto cuenta, cada abrazo suma, y juntos seguimos construyendo puentes de esperanza.
¡Hasta pronto, pequeños! Colmenar Viejo siempre será vuestra casa.
